El final del análisis me enseñó un nuevo nombre, no para mi persona sino para la excentricidad de mi deseo. Esta novedad apareció en la contingencia de un bizarro momento temporo-espacial. Al no haber Otro del Otro, un significante nuevo saltó.

Durante las idas y venidas de un análisis -un análisis que dura- ocurren varias ideas, elucubraciones del saber sobre lalengua; pero hay una idea que no se alcanza por el S subíndice 2, S2 que no es el S al cuadrado. En mi caso, ya sin la gramática del Otro, una nueva idea de lo real que excluye el sentido, centelleó. Como es sabido -un poco- por los acontecimientos de cuerpo, cuando hay real no hay semblante del que agarrarse. Pero, ir por lo real, no es ir hacia lo real.

Al final del análisis, ya sin lo “realmente simbólico” de la mentira una vivificación sustituía a la mortificación de otra vida; un tipo de vida que creía en el mito de la felicidad pulsional para no querer saber del objeto causa, y es que “creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, nuestra familia que nos habla”1.

El 13 de abril de 1976, cumpleaños de Lacan, él tiene algo para decirnos sobre el deseo, un deseo que desearía poder verificar si sabe lo que dice, lo cito: “Decir apunta a ser escuchado. Me gustaría verificar, en suma, si no me contento con hablar para mí -como hace todo el mundo”2. Ese día da testimonio de una nueva idea: “No es que haya sido mi objetivo traumatizar a alguien (…) es el forzamiento de una nueva escritura, y también el forzamiento de un nuevo tipo de idea”3.

Como señala Enric Berenguer en el texto de orientación escrito para estas XVII Jornadas de la ELP, “el nombre que damos a la extravagancia del deseo que mejor acoge la disrupción del goce traumático que concierne a cada uno es el de sinthome4, en efecto este nuevo significante conlleva algo distinto del síntoma.

Escribir un nuevo nombre encarnando el deseo es algo que al final Uno-solo-lo-sabe “cuando el espacio de un lapsus, ya no tiene ningún alcance de sentido (o interpretación), solo entonces uno está seguro de estar en el inconsciente. Uno lo sabe, uno mismo (…). No hay allí amistad que a ese inconsciente lo soporte”5. Pero querer lo que se desea no viene de inmediato a sellar esta metamorfosis, reducir el deseo implica un viraje en que el sujeto ve zozobrar la seguridad que obtenía de su fantasma. El ser del deseo no es un deseo de ser, por ejemplo psicoanalista, ya que es evidente que ninguno lo es. El momento conclusivo desde donde el psicoanalista por venir se consagraría a la esencia del deseo, acarrea el deser que devela lo inesencial del sujeto supuesto saber.

Como enseñan los AE, en el centro de la Escuela hay un deseo con un nombre nuevo para una nueva soledad, que hoy leo como un despertar del sonambulismo de esta época en que los ojos pueden estar abiertos sin ver como cuando se está despierto. Pues “no es el yo quien vencerá, sino el discurso al cual sirvo”6, a saber un deseo que, como sugiere Marta Serra en la presentación de la línea de trabajo “Deseo de Escuela”, señala lo que tanto Freud como Lacan desearon al fundar la institución analítica que querían “al servicio del psicoanálisis -de su perennización y su evolución- no al servicio de los psicoanalistas”7. Efectivamente no es “je suis” quien vencerá, sino “il suit”, el analista que seguirá al analizante para llegar a obtener la diferencia absoluta, según señaló enfáticamente Éric Laurent durante su intervención en el XI Congreso de la AMP en Barcelona.

Un deseo se encarna recomenzando cada vez, ya sin responder al nombre propio, por eso celebramos hoy que el nuestro desea mantener vivo el psicoanálisis: “Un saber abierto que recién empieza. Por eso (…) se puede perfectamente decir: aún no vieron nada”.

 

Notas:

  1. Lacan, J., El Seminario, libro 23: El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, pág. 160.
  2. Ibíd., pág. 127.
  3. Ibíd., págs. 128-129.
  4. Berenguer, E., “El deseo, en la época del Uno solo”. Texto de orientación (deseo.jornadaselp.com).
  5. Lacan, J., “Prefacio a la edición inglesa al Seminario 11”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 599.
  6. Lacan, J., “El atolondradicho”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 499.
  7. Serra, M., “Deseo de escuela”. Presentación de la linea de trabajo (deseo.jornadaselp.com).
  8. Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, Buenos Aires, Paidós, 2013, pág. 158.

 

Raquel Cors, NEL, Santiago de Chile.

 

Comparte / Imprime este artículo
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook
Email this to someone
email
Print this page
Print