El deseo del analista fue definido por Lacan en el Seminario XI, en 1964, como un “deseo de obtener la diferencia absoluta”1, es decir la diferencia absoluta entre el significante y el objeto a. Este deseo que define al analista en su operación es el fruto de su análisis y habrá de ponerse a prueba en su práctica. El deseo del analista que opera en el análisis no es un deseo del bien de su analizante, no es un deseo de curarlo, sino un deseo de obtener esa diferencia absoluta, un deseo que encarna el analista bajo la forma del enigma, del Che vuoi? para su analizante.

En su intervención en el Seminario de Lacan trece años más tarde, Alain Didier-Weill, dice algo esclarecedor sobre el deseo del analista y sobre las condiciones en las que el analista es digno de confianza:

… De una manera general puede decirse que en la vida, las personas que, como habitualmente se dice, inspiran confianza, son personas que precisamente sentimos deseantes, pero de un deseo que para ellas mismas sigue siendo enigmático, velado, y se aprecia que el objeto de su deseo también les es enigmático; y por el contrario, aquellas personas que inspiran un juicio ético de eventual desconfianza, son precisamente quienes no desconocen el objeto de su deseo y pueden descifrarlo con toda precisión, incluso aquello que nos inquieta en ellos, es que la voz del fantasma es en ellos tan fuerte que no habría esperanza para la voz de S (A barrado); y ya que hablo de confianza, ustedes pueden apreciar que se plantea el problema de las condiciones por las cuales un analista es digno de confianza y en qué lo es”.

“Sumariamente, y por el momento, yo diría que precisamente su deseo no debe ser ubicado como el que acabo de describir, que su deseo no debe tener como función clausurar la barra haciendo emerger el objeto, sino que su deseo (el del analista), tiende a mantenerla y a llevarla al grado de la incandescencia… El sujeto puede llegar a S (A barrado) sólo después de haber hecho la experiencia de la desposesión total de su pensamiento2.

Así pues, un analista digno de confianza sería aquel que percibimos como deseante de un deseo cuyo objeto permanece enigmático incluso para él mismo, es decir, alguien capaz, no solo de no clausurar la barra, S (A barrado), sino de llevarla a su incandescencia por haber hecho, el mismo, la experiencia de la desposesión de su pensamiento.

Estas serían, las condiciones en que un analista es digno de confianza. Y por tratarse de S (A barrado), estas condiciones han de ser actualizadas en una formación que, de hecho, no acaba nunca, por lo que una vez finalizado el análisis, tendrán que realizarse por otros medios, el control sin duda, para que la voz de S (A barrado) pueda oírse.

La paradoja en todo esto, es que es un deseo de ese tipo el que puede empujar a alguien a continuar queriéndolo, aún, y quizá porque sabe de sus propias dificultades en el trayecto.

 

Notas:

  1. Lacan, J., El Seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1989, pág. 284.
  2. Intervención de Alain Didier-Weill, miembro de la EFP, en el Seminario de Lacan, el 8 de febrero de 1977, inédita.

 

Araceli Fuentes, ELP, Madrid.

 

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