Desublimación de la verdad

Por Guy Briole

¡Así pues, nada es menos seguro que se quiera lo que se desea! Esta es la consecuencia lógica de que cada uno, por ser hablante, lleve en sí la división que le hace sujeto.

Cuando se aborda la cuestión del deseo, es preciso recordar que de donde le viene al sujeto su pregunta bajo una forma invertida es del lugar del Otro. Así, Lacan dice que el deseo del hombre es excéntrico1. Se leerá en la elección de esta palabra el equívoco que contiene, indicando a la vez que este deseo está descentrado -es en “el lugar del Otro donde se forma”2– y que es fantasioso, insólito y, a veces, extravagante. Este punto, si no se tiene en cuenta, conduce a una de las derivas que Lacan denuncia: la de responder a la demanda del analizante, suponiendo que va dirigida a la persona del analista, quien por tanto sólo podría responder mediante la frustración. Desde el lugar del analista, no es posible responder a la demanda porque “responder a ella es forzosamente decepcionarla”3. Al correr el deseo siempre bajo la demanda, D/d, la demanda se separa siempre de aquello que se desea; es siempre una demanda que apunta a “Otra Cosa”4.

El error y el malentendido

“El psicoanálisis no es una ascesis, es una técnica, un artefacto”5, precisa Lacan a sus oyentes japoneses, a quienes quiere plantear la complejidad de lo que hay que tratar con cada uno de quienes se dirigen al psicoanalista. ¡Ellos creen saber lo que desean! Pero entonces, añade Lacan: “Hay personas que vienen a pedir algo de lo que ellas mismas no tienen la menor idea; lo que piden, es un no sé qué, algo vago que, al menos en algunas de ellas, tiene el apoyo de ciertos síntomas de los que sufren y de los que ciertamente quisieran desembarazarse”6. El psicoanalista poseería un saber oscuro gracias al cual sería clarividente respecto a lo que le ocurre a quien le consulta. Este es el primer escollo que desembocaría en el malentendido, en los mal-escuchados7 del deseo. El psicoanálisis, al no ser una psicología ni ninguna otra relación de sugestión, no se basa en la creencia, ni en la confianza. Se apoya en la libertad del sujeto para decir lo que quiere la regla de la asociación libre apuntando más allá de cualquier confesión, dentro de un vínculo singular que es la transferencia. Aquí, subraya Lacan, es donde te das cuenta de que el analizante, o quien podría serlo, “te cuenta cosas y te percatas de hasta qué punto lo que sabe es ambiguo, lo que está implicado de lo que sabe en lo que dice y lo cual, a fin de cuentas, no tiene la menor idea, porque escuchándolo de cierta manera te das cuenta de que entiendes algo muy distinto”8.

El inconsciente es engañoso. Esta dimensión del engaño hace que el sujeto que habla y que es hablado sea “el único que puede engañar diciendo la verdad”9. El error forma parte de la relación del sujeto con la verdad. Es este malentendido fundamental el que hace que el engaño sea esencia misma del inconsciente. El error no se opone a la verdad, es la condición de la verdad, siempre imposible de decirla toda, por lo que permanece siempre medio-dicha. En el inconsciente siempre hay algo que “cojea”, un lugar para el error y el malentendido. En este sentido, el psicoanálisis siempre apuesta por la división del sujeto, su desarmonía, su fallo.

Por parte del analizante, un enunciado puede ser dicho con determinación: no reside ahí la dificultad. El sujeto afirma saber lo que quiere. Es después del enunciado cuando surge la duda: ¿y si no fuera eso? Esta no es una pregunta sólo para el obsesivo, sino para todo sujeto deseante. El enunciado acaba siendo considerado, amputado, desarrollado, retocado, ya sea durante la sesión o fuera de ella. Aquí el error está, articulado con el malentendido, en la duda.

Obsérvese que no es necesario situarse en el campo psicoanalítico para sostener este punto de vista. El malentendido, en la definición del diccionario Le Robert, es el engaño, la mala interpretación, pero es también el equívoco10.

El propio Lacan se definía como un “traumatizado del malentendido”11. Lo dice de todo parlêtre, enfermo del verbo y heredero de lo que eso hablasería12 en sus ascendientes. “El hombre nace malentendido”, este es su traumatismo13.

¿Y si yo me equivocara… acerca de mi deseo? ¿Es realmente esto? He aquí la posibilidad del error, de la duda, en el corazón del parlêtre. La asociación libre, ¿libera acaso de esta relación con la duda, cuando se trata de decir lo que acude al pensamiento sin preocuparse por su coherencia ni por saber si es verdadero o falso? La dificultad es que siempre es verdadero, pero relativamente a una verdad que siempre hay que reconsiderar.

Se puede suponer que, con el avance del análisis, llegará un momento en que el analizante se encontrará con un punto de certidumbre que ya no necesite pasar, una vez más, por una verificación. De lo contario, proseguirá la aplicación concienzuda y aplicada del principio de contradicción que servirá para “salvar” al sujeto de asumir las consecuencias lógicas deducidas de lo que trabaja, desde hace tanto tiempo, en análisis.

Retorno a un Aggiornamento

“El psicoanálisis cambia, es un hecho”14, indicaba Jacques-Alain Miller en su Conferencia introductoria al Congreso de Río. Insistía también en decirnos que nuestras prácticas, en el siglo XXI, se han modificado, aunque no sepamos bien cómo dar cuenta de ellas. Esto me llevó, en aquel mismo Congreso de Río, a titular mi intervención Aggiornamento15. Quisiera retomar algunos puntos y, de entrada, subrayar que en lo referente a las prácticas “sigue abierta la pregunta de saber qué acto es posible para el psicoanalista en este siglo de la metonimia del no-lugar permanente: modalidad de desmentido que concierne a lo real sin ley y de apología de la irresponsabilidad”.

Así, las demandas cambian con las líneas de fractura que se producen en las sociedades marcadas por el retorno de los particularismos regionales, animados de una certeza que los conduce, y a otros con ellos, a sufrimientos impensados. De hecho, los sufrimientos están ya ahí y tanto la ciencia como el capitalismo se han inmiscuido en ellos, se han insinuado en todas las fisuras que se producen en los lugares sociales. Para decirlo de otro modo, allí donde lo que prevalece ya no es el Uno con los otros -el que produce la affectio societatis– sino el Uno separado de los otros. Entonces, el hecho de desear, que incluye la categoría de los otros y del Otro, cede el lugar a un goce inmediato revindicado por cada uno. El parlêtre se empeña en él tanto más cuanto que la promesa de la felicidad se acompaña de la confianza propuesta por los representantes de la alianza capitalo-científica. Quiere una satisfacción inmediata y sin error a su demanda, sin tener que interrogarse sobre su deseo, que introduce, como lo hemos visto, la cuestión del fallo y de los malentendidos.

El parlêtre contemporáneo quiere respuestas pragmáticas, un bricolage de sus desajustes, un ajuste de los relojes de sus condiciones de goce. Quiere gozar y pretende lanzarle al psicoanalista el desafío de que le ayude. El psicoanalista puede dejarse atrapar en este espejismo del acto resolutivo, tan trending en este inicio de siglo. Este quiropráctico del inconsciente no tiene rival para, en algunas sesiones, recomponer el puzzle disperso de las piezas sueltas de aquel parlêtre presa del desasosiego. El psicoanalista de hoy quiere ser el bricoleur advertido, el que sabe desmontar la defensa, “asir lo real”; ¡tendría los útiles para hacerlo!

Podemos plantear la pregunta de si, saltándonos el sentido y los desfiladeros del significante, se hace énfasis en el último Lacan, borrando el del desciframiento. Por su parte, J.-A. Miller insiste en decir que el último Lacan -el de la orientación hacia lo real- no excluye al Lacan estructuralista, el del desciframiento.

El tiempo apremia, el analizante tiene prisa y presiona al analista, quien confunde, cuando se deja atrapar, prisa y precipitación. El analista se adhiere a la urgencia de la demanda de su analizante, para cuyo caso cree poder establecer una causalidad directa; reeditando en una perspectiva moderna lo que Lacan consideraba una psicologización del inconsciente. Su acto tendría por blanco la causa. Toma partido16, si puedo decirlo así, por su Un-paciente, por su in-paciente, finalmente su out-analizante. In, out, hay que apuntar al tiempo de concluir. El analista moderno no quiere dejarse engañar, quiere resultados y la terminología que le tienta incluye a menudo la necesidad de producir un acto. En cuanto a la enseñanza de Lacan, no le falta: sabe bien que los no engañados erran, que el acto no se calcula, etc. Pero quiere ser inventivo, está decidido a sacar del atolladero de la verdad mentirosa a aquél que resulta que se ha hecho un lío17; y lo hace proponiéndole otros anudamientos, que llamará sinthome. Este analista está en sintonía con el sinthome de su analizante18. En el espejo de lo real, los espejismos pueden llevar a lo peor. Es lo que se puede llamar un forzamiento por parte del analista más allá del acting-out.

Deseo, verdad y goce

La lectura del curso de J.-A. Miller, Donc, del 1 de diciembre de 1993, permite comprender cómo “La cuestión del futuro contingente […] es el lugar mismo donde se torna extrema la tensión entre el saber y el tiempo”19. He aquí este “donc”, llamado a marcar una diferencia neta entre el entonces lógico y el entonces analítico inducido por la asociación libre y la instauración del sujeto supuesto saber. He aquí condiciones para que un análisis se emprenda de otra manera y, por lo menos, apunte a una rectificación subjetiva y a la delimitación del síntoma analítico por ella provocado a partir del acto del analista.

Esto plantea un interrogante al supuesto saber-hacer del que puede valerse el analista del siglo XXI cuando apunta al goce, respondiendo a la supuesta urgencia de su analizante moderno, sin haberle facilitado una orientación hacia el cuestionamiento de su deseo y su implicación en los impasses de este último. En esta misma línea de pensamiento es esencial considerar este punto planteado por Lacan: “Así, es por el goce que la verdad encuentra cómo resistir al saber”20. El descubrimiento freudiano muestra que el síntoma es por un lado verdad y por otro lado goce. La verdad es lo que se revela como saber de un saber no sabido. De él participa la interpretación. Por tanto, el trabajo sobre la verdad del síntoma encuentra el goce como límite. Lo cual conduce a considerar que la resistencia a la transferencia está ligada al goce. La tendencia es a gozar del sentido, allí donde se trataría de modificar la relación que se tiene con el goce. Es una cuestión crucial del fin del análisis: en el lugar del sentido, de una verdad que revela ser siempre mentirosa21, se espera un cambio en la relación con el goce. Lo que se deduce lógicamente en el fin del análisis no requiere pasar por otras verificaciones, la prueba no sirve en nada a la verdad.

La práctica, a partir de la última enseñanza de Lacan, implica cierta desublimación de la verdad. Ya no es más ese avance infinitizado de medio dicha en medio dicha, sino la orientación que se dirige a “asir lo real del sinthoma”22; por tanto, no la verdad del sinthome, sino su real.

 

Notas:

  1. Lacan, J., “El psicoanálisis. Razón de un fracaso”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 362.
  2. Ibidem.
  3. Idem., pág. 363.
  4. Ibidem.
  5. Lacan J., Discurso de Jacques Lacan, el 21 de abril de 1971, en Tokio, en los locales del editor Kobundo, que publicó los Escritos en japonés.
  6. Idem.
  7. NdT: entendu es tanto entendido como oído o escuchado.
  8. Idem.
  9. Miller, J.-A., Vida de Lacan, lección del 2 de junio de 2010, inédito.
  10. Le grand Robert de la langue française (sous la direction d’Alain Rey), París, Le Robert, 2011, pág. 1090.
  11. Lacan, J. “Le malentendu”, Ornicar? 1980, París, Seuil, nº 22-23, pág. 12.
  12. NdT: en francés, parlêtrait, se hablaba de él como parlêtre
  13. Idem.
  14. Miller, J.-A., “L’inconscient et le corps parlant”, La Cause du désir, nº 88: L’expérience des addicts, octubre de 2014, pág. 109.
  15. Briole, G., “Aggiornamento”, La Cause du désir nº 94: L’objet caché, noviembre de 2016, págs. 177-181.
  16. NdT: fait et cause, literalmente “hecho y causa”.
  17. NdT: s’être fait des nœuds, “haberse hecho nudos”.
  18. NdT: être syntone avec le sinthome.
  19. Miller, J.-A., Donc. La lógica de la cura, [1993-1994], lección del 1 de diciembre de 1993, Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2011, pág 14.
  20. Lacan, J., “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad”, Otros escritos, Buenos Aires, 2012, Paidós, pág. 378.
  21. Lacan, J., “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, Otros escritos, op. cit., pág. 601.
  22. Miller, J.-A., lección del 25-5-2011, inédita.

 

Guy Briole. ELP, ECF. Barcelona, Paris.

(Traducción: Enric Berenguer)

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