Un adolescente, que manifiesta una fuerte apatía en clase, desconectado desde hace un tiempo del saber escolar y que a su vez “vive la vida intensamente” preocupa fuertemente a sus padres que atemorizados ante sus reacciones “violentas” consultan cuando “ya no pueden más”, ya no encuentran el modo de que sus palabras y sus normas ejerzan un límite efectivo. En estos últimos meses “se ha crecido” y hace aparecer su cuerpo, en los dichos de la madre, cada vez que siente amenazada su “libertad”.

Lo que este chico explica consintiendo a venir a sesión es que las personas y sus demandas se le vuelven insoportables pero con las que verdaderamente “no puede hacer” es con aquéllas que muestran un marcado interés por su persona: principalmente una chica que está enamorada de él y sus padres desbordados por la angustia. Los maltrata, les grita y exhibe ante ellos una fuerza desbordante para marcar su territorio. La sorpresa se produce cuando puede decir que se trata del deseo del Otro sobre él aunque es una sorpresa que intenta borrar rápidamente en sesión. Ese interés marca sin duda su cuerpo, le produce sensaciones que se traducen en algo “que siente en el estómago, algo negro que no sabe cómo sacarse de encima”. Se trata de un indecible y frente a eso él nos muestra que es su cuerpo real el que se pronuncia. En su lucha por diferenciarse y acercarse a un “deseo auténtico” los dichos que transmite son del estilo del “hago lo que quiero con mi cuerpo y nadie me lo va a cuestionar”.

Sin embargo el trabajo con su analista le permite interponer momentos de detención en los que puede confesar que la imagen que le devuelven los otros “le da pena”. Cuando puede decir eso se ve que el espacio analítico está empezando a funcionar como un lugar donde puede escucharse a sí mismo(esto es un gran paso que no siempre se da). No le gusta esa imagen que el otro le devuelve. En cierta medida se pregunta si realmente desea eso que dice querer y que expresa con sus conductas. ¿Cómo hacer para dejar caer esa respuesta violenta que expresa una parte de su goce sin sentido?

Entre apatía y sobreexcitación ubicamos a algunos de los adolescentes de hoy. ¿Cómo no dejarse enceguecer por estas presentaciones? Modos del ser que como focos siempre encendidos nos dificultan ver lo que queda entre las sombras. Agamben1, Tanizaki2, Margaret Mead3 y otros nos indican que es en los contrastes donde podemos encontrar lo singular de lo que allí se juega. J.-A. Miller4 nos dirá que se trata siempre del detalle. En todo caso tenemos que preguntarnos por la particular relación que los adolescentes tienen con el cuerpo. En cierta medida, así articulados, adolescencias y cuerpos aparecen como analizadores del devenir social5. Apatías y depresiones; sobreexcitación e hiperconsumos. Tenemos ante nosotros la noción de experiencia, de cuerpo y de aceleración del tiempo. Frente a ello inquietud y desazón convocan al sujeto a tener que responder.

Apatía y sobreexcitación son respuestas que produce el cuerpo en momentos en que los adolescentes se confrontan con la dificultad de saber cómo hacer para encontrar un lugar en el Otro. Ahora bien, ¿se trata de respuestas que aparecen sin pensar o más bien se trata de que el sujeto piensa desde el cuerpo? Pensar desde el cuerpo implica que no todo puede reducirse al lenguaje y que es desde el cuerpo que el sujeto resiste a la estandarización. El cuerpo empuja, se impone, se presenta con carácter de apremio. Es un forzar constante pero eso no basta para producir un saber sobre lo que allí está en juego ya que ese forzar se presenta como un S1 sólo. Eso no quiere decir nada. Para construir un saber se requiere de la articulación de ese S1 con un S2. Es allí donde la presencia del Otro en tanto que lugar se convierte en fundamental para que los adolescentes pueden nombrar esos pensamientos que viven sin cesar, como nos recuerda Lacadée6 y se pregunta cómo llevarles a hacer la apuesta por ese Otro. Creo que un lugar de apertura para ello es, justamente, reconocer en la apatía y en la sobreexcitación ese valor de respuesta: es allí dónde podremos ayudarles a preguntarse a qué real están respondiendo. Esa es una suposición que nos corresponde a nosotros mismos, los psicoanalistas, introducir. Es nuestra responsabilidad.

 

Notas

  1. Agamben, G., Què vol dir ser contemporani?, Barcelona, Arcadia, 2008.
  2. Tanizaki, J., El elogio de la sombra, Madrid, Siruela, 2008.
  3. Mead, M., Adolescencia y cultura en Samoa, Barcelona, Paidós, 2011.
  4. Miller, J.-A., Los divinos detalles, Argentina, Paidós, 2011.
  5. Le Breton, D., Adiós al cuerpo. Una teoría del cuerpo en el extremo contemporáneo, México, La Cifra, 2011.
  6. Lacadée, P., El despertar y el exilio. Enseñanzas psicoanalíticas sobre las adolescencias, Madrid, Gredos, 2010.

 

Susana Brignoni, ELP, Barcelona.

 

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