El objeto para Freud es un objeto reencontrado. El objeto siempre hace referencia a la falta.

Lacan habla de las tres formas de la pérdida de objeto1. Una de ellas, la frustración es central en las relaciones primitivas del niño. Su buen transcurso permite la introducción del niño en el mundo simbólico y constituye el esbozo de la estructuración de toda la realidad. Es la madre con su presencia y ausencia articulada a la llamada del niño, la que va a permitir esta primera introducción en lo simbólico y la aparición de los objetos reales. Pero es fundamentalmente las carencias de la madre, sus fallos, los que van a permitir que el niño construya una madre que puede darle todo lo que puede satisfacerle, convirtiéndose lo que ella le da en objetos de don de la potencia materna. De esta manera, los objetos reales se han convertido en objetos simbólicos que pueden estar o no.

Esta primera forma de pérdida de objeto está relacionada con el deseo. Para que surja el deseo, no obstante, es necesario que se establezca una dinámica entre el niño y la madre, una dinámica generada a partir de la falta descubierta por el niño en la madre, pero también en sí mismo.

En esta relación es necesario hablar del deseo de la madre. Es importante, dice Lacan, que “el niño sirva o no el objeto transicional para la madre”, entendiéndolo como objeto “condensador para el goce”3.

Mi trabajo se desarrolla dentro del ámbito de Protección de Menores. Es habitual que me deriven niños que vienen presentados por sus cuidadores como niños no resistentes a la frustración, que agreden a cuidadores o maestros, que mienten, roban y toda una serie de comportamientos que convierten a ese niño en un imposible.

¿Qué entienden estos cuidadores por resistencia a la frustración? Normalmente, lo describen como una ruptura, una descarga sin control, una rabia desmedida traducida en agresión hacia personas u objetos ante una negativa. Por lo tanto, puedo entenderlo como el impedimento de una satisfacción, que da lugar a una descarga descontrolada. Una descarga que puede convertirse en violencia hacia los otros o hacia sí mismos. Miller nos invita a pensar esta violencia como una descarga de la pulsión. No se trata, dice, de un sustituto de satisfacción. La violencia es la pulsión misma. Miller relaciona la violencia directamente con Tánatos y nos dice que la pulsión que se satisface con la violencia es la pulsión de muerte4.

Cómo entender la relación de estos niños con los objetos. Muchos de estos niños al entrar en la sala en la que trabajo con ellos no muestran ningún interés por los juguetes que hay alrededor. Hay otros, sin embargo, que cogen todos los objetos, pasando de un objeto a otro sin llegar a jugar con ninguno. Lacan nos dice que la frustración no solo favorece la aparición del objeto como algo diferenciado del sujeto, si no que establece un orden en ese mundo desorganizado de objetos gracias a la ausencia y presencia de la madre.

Estoy hablando de niños del sistema de Protección cuyos padres no han sabido cuidarles adecuadamente. Pero, fundamentalmente, existe una madre cuyo deseo, o falta de él, le ha impedido ser “una madre suficientemente buena”. Algunas, madres muy jóvenes, están desbordadas por su propio goce. Otras en una relación de estrago con su propia madre, establecen un ir y venir repetitivo, estableciendo a una ausencia o presencia desordenada pero en relación a con su madre, convirtiendo al niño en un objeto de intercambio entre ambas.

De estos niños que viven en la carencia, no podemos pensar que son niños colmados por un exceso en la respuesta a su demanda. Pero, si podemos decir que son niños colmados por un exceso de goce. Estos niños no han podido acceder a la falta de objeto, ni a la construcción de una madre agente, de un Otro, convirtiendo esa relación niño-objeto, en una relación a-a’, con el consiguiente “o yo o tú”.

 

Notas:

  1. Lacan, J., El Seminario, libro 4: La relación de objeto, Barcelona, Paidós, 1994, cap. II.
  2. Laurent, É., “El niño y su madre”.
  3. Lacan, J., “Alocución sobre las psicosis en el niño”, Otros escritos, Buenos Aires Paidós, 2012, pág. 389.
  4. Miller, J.-A., “Niños violentos”, Carretel, Revista de las Diagonales Hispanohablante y Americana de la Nueva Red Cereda, nº 14, Bilbao, 2018.

 

Inmaculada Martín, socia de sede ELP, Valencia.

 

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