Niños colmados

Por Victoria Vicente

El título de esta línea de trabajo aborda de entrada un demasiado lleno en la vida del sujeto.

¿Dónde está la falta? ¿Cómo se construye el deseo frente al exceso de objetos y cuando la satisfacción inmediata parece lo prevalente?

Parecería que la pregunta actual se desplaza de qué quieren los niños a lo que gozan.

La infancia es desde Freud el tiempo de abrir la pregunta sobre el deseo del Otro y el tiempo de construir lo que se quiere.

Para el niño el enigma sobre el deseo de su madre se entrelaza con el enigma que constituye para el mismo la presencia corporal del goce.

La línea de trabajo puede recoger varios vértices .

Los niños y los objetos

Si cada época tiene sus objetos, la nuestra está marcada por una aceleración y un exceso en su producción y en su consumo.

Hace solo unos meses, en enero del presente año, la mayor feria de electrónica habilitó una sección especial con productos para niños de 3 a 6 años que mostraba aplicaciones y programas que cubrían todos los espacios y experiencias posibles de la vida de los niños: aplicaciones para que se calmen, jueguen, se duerman, aprendan a leer o se laven los dientes. Días atrás el debate resurgió con la carta de dos grandes accionistas de Apple preocupados por los efectos sobre la salud mental en la infancia del uso excesivo de aparatos.

¿Desde dónde abordar estos objetos?

Estos objetos de consumo no funcionan simplemente como objetos sustitutos que se alojan en el hueco que socava la pulsión, como por ejemplo el chupete, sino que se trata de semblantes que funcionan automáticamente y que promueven la ilusión de un goce metonímico infinito.

Ningún malentendido, solo repetición que deja al sujeto en su soledad.

Entonces, el niño que encontramos en la clínica toma los objetos como una forma de gozar. Evidentemente una cierta ficción fantasmática puede elaborarse con ellos pero desde otro lado -del lado de la repetición, de la soledad- el paisaje que se dibuja es bien distinto: es el del niño como objeto, o sea, el niño mismo como gadget.

Frente a este paisaje, los casos, uno por uno, nos pueden permitir analizar de qué manera se introduce bajo transferencia algo que permite al sujeto encontrar un límite, tener una idea de lo que no se puede, de un imposible, de una falta de objeto.

¿Cómo se enfrenta el deseo de la madre hoy?

El deseo de la madre (DM) es un término opaco. La Metafóra paterna es pensada clásicamente como lo que simboliza y produce la significación fálica para dar un sentido a esta opacidad.

La disyunción entre Edipo y castración se impone en posteriores formulaciones de Lacan, dando cuenta con mucha claridad de la desedipización de la castración y elaborándose un nuevo régimen para la angustia .

Sabemos que el niño está en relación con su madre pero no solo con ella: está con ella y con su falta, y, a su vez, con aquello que se presenta como intratable por el significante, la pulsión, el goce.

En numerosas ocasiones la madre ha tomado en la actualidad un valor exclusivo y preponderante como partenaire en la infancia: niños identificados a la fantasmática materna donde no hay ningún lugar para la falta ni una pregunta sobre la misma.

En esta época de la redimensión del Otro, lo que emerge sobre todo es la preeminencia de la cuestión de la demanda y sus objetos.

A partir de aquí, una de las cuestiones a trabajar es qué estatuto otorgar a la dialéctica de la frustración.

Lacan mostró en su momento, bajo esta dialéctica, de qué manera el objeto real deviene signo de amor. La frustración indica este camino: que la vía privilegiada para acceder al objeto del deseo es la vía del amor.

¿Dónde estaría el Otro de la prohibición o de la frustración?

Parecería más bien que no hay negatividad para los objetos, que los objetos de la demanda no alcanzan en la actualidad a elevarse como signos de amor, sino únicamente ofrecen su cara de goce.

Otra de las consecuencias que podemos deducir del enlace a estos objetos de la demanda a los que el sujeto queda enganchado, es que la operación de separación, constitutiva del deseo, es dificultosa. La clínica muestra la manera en que está operación termina jugándose en el cuerpo. Es decir, el sujeto más que una construcción fantasmatica como respuesta, pone el cuerpo.

Así encontramos que las patologías se presentan afectando el comportamiento del sujeto.

Quizás nos pueda guiar en nuestra investigación lo que Lacan nos enseña en relación a que existen dos maternidades muy diferentes y dos lugares que el hijo puede ocupar para la madre, según sea metonimia de su deseo de falo o metáfora de su amor por el padre .

¿Qué lugar al narcisismo?

¿Los niños vienen a ocupar el mismo lugar en el narcisismo de sus padres cuando ellos mismos se instalan en una posición infantilizada y narcisista?

En el enfoque freudiano clásico el niño ocupa el lugar del ideal para sus padres y Freud lo designa como “su majestad el niño”. Lacan en la Nota sobre el niño parte de otro punto, del objeto a en el fantasma, donde se pone énfasis sobre el niño capturado no en un ideal sino en el goce. Entendemos que es más en este eje donde el niño actual se sitúa.

La experiencia del niño como objeto de goce va en contra de la posición del niño como ideal en el deseo de los padres.

El deseo del niño, el niño como goce o como ideal son términos que hay que poner en tensión.

Allí donde los padres tienen dificultades para encontrar en la tradición, en el amarre simbólico, de qué manera ser padres, la dimensión superyoíca del significante emerge con gran fuerza y tiene todo su peso en la vida de los niños.

¿Cómo capturar el deseo del niño?

Es el tratamiento de la castración lo que ha cambiado en nuestra época y quizás, la presencia de estos objetos que se aparejan tan bien con el cuerpo hablante , dan cuenta de esta falta de Otro que ponga un límite a la metonimia. Un niño debe poder renunciar a estar a solas con la madre, a ser el único para ella, a fin de acceder a su deseo. Para el consumidor de pantallas, de objetos, a veces las palabras parecen pobres, es necesario bajo transferencia introducir una presencia encarnada y deseante, algo que asombre o sorprenda.

Los casos nos ayudaran a analizar y a pensar qué es lo que funciona como punto (¿de basta?) para abrir la posibilidad al deseo.

 

Referencias:

  • Lacan, J., “Nota sobre el niño”, Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 393.
  • Entrevista a Daniel Roy por Victoria Vicente: “Sobre el período de latencia. ¿La pulsión no espera!, El Psicoanálisis, Revista de la ELP, nº 30/31: “¿Neurosis del siglo XXI?”, Barcelona, octubre 2017, p. 162.
  • Miller, J.-A., La angustia. Introducción al Seminario X de Jacques Lacan, ELP-Gredos, 2007.
  • Miller, J.-A., “Interpretar al niño”, en Carretel, Revista de las Diagonales Hispanohablante y Americana, nº 12, 2014.
  • VV.AA., La Petite girafe, Publication du Champ freudien, nº 28: “L’enfant et ses objets”, Paris, Agalma, octobre 2008.

 

Victoria Vicente, ELP, Barcelona.

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