Horror y deseo de saber

Contingencias y ética de la cura

Por Guy Briole

El deseo de saber no es aquello que hace obstáculo a un análisis, por el contrario, sería más bien su motor. La cuestión en juego es que el analizante no sabe de qué saber se trata, qué esperanza pondría en este saber por descubrir. Este deseo puede no ser más que la pantalla que reenvía a otra cuestión, ella sí central: “¿No quieres saber nada del destino que te hace el inconsciente?”*.

A partir de este punto preciso se entiende que Lacan ha transformado radicalmente la práctica del psicoanálisis. No hay vuelta atrás posible y lo que él nos enseña es a ir siempre hacia adelante, sin girarse, salvo al final. Para llegar ahí, el analizante habrá debido ir más allá de lo que haya podido descubrir y que puede ser algo muy distinto de lo que habría deseado. En este sentido, el inconsciente es lo no-sabido y el análisis sigue siendo una aventura abierta a las contingencias que no excluyen los riesgos de malos encuentros con aquello que el inconsciente cela, y que puede estar del lado del horror de saber. Confrontado a lo que se le impone, el analizante puede retroceder, ayudado para ello por la función de borramiento propia del inconsciente, pero también precipitándose en el pase para no pasar y, a veces, encontrando así un argumento a fin de justificar su salida del análisis.

En otros casos, el analizante habrá podido superar el obstáculo y proseguido hasta el final, hasta el desentrañado lógico de lo que resta de incurable. Entonces se ve que este incurable del final estaba ya desde el principio en los anudamientos, tan apretados, que el sujeto no podía sino hacer síntoma. Del “yo quisiera ser lo que digo” al “eres lo que haces” se despeja el camino de un análisis llevado hasta su término que va del síntoma al sinthome. Queda aún un querer saber a franquear, momento clave donde se trata de extraer las consecuencias del análisis. Por ejemplo entrando, esta vez con prisa pero sin precipitación, en el procedimiento del pase. A aquellos que se habrán presentado y que habrán sido nombrados les incumbirá rendir cuenta de la manera de arreglárselas con lo incurable de cada cual, uno por uno.

El querer lo que se desea, no es sin exigencias: aquellas que dicta la ética del compromiso con la Causa analítica.

 

Nota:

* Cf. Lacan J., “Televisión” [anotación al margen], Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 569.

 

Guy Briole, ECF, ELP, París-Barcelona.

 

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