En la adolescencia se hacen evidentes los efectos de irrupción de goce en el cuerpo, quizás de forma más masiva y rápida que en otros momentos de la vida.

Estos efectos vienen de la mano de la aparición de afectos nuevos, cambios evidentes en la imagen del cuerpo, cambios en la mirada del otro sobre la propia imagen, las prisas en la elección de objeto de deseo o de la propia identidad sexual, la aparición del sentimiento de amor por un otro al margen de la familia, el vértigo de “tener toda la vida por delante”, la presión por el resultado escolar, el empuje a la separación de lo que antes había sido lo familiar…

J.-A. Miller en la clausura de la 3ª Jornada del Institut de l’Enfant, en su intervención titulada En dirección a la adolescencia1 se hace la pregunta de “¿qué es la adolescencia en psicoanálisis”, y dice que “en psicoanálisis trabajamos tres cosas: la salida de la infancia, la diferencia de los sexos y la intromisión del adulto en el niño”.

Si en la adolescencia se trata de reescribir algo nuevo sobre una escritura anterior, esta tarea no se resuelve del mismo modo desde la posición femenina que desde la masculina. Si bien en ambos sexos se trata de la irrupción de lo inasimilable, las fórmulas de la sexuación sitúan las respuestas sintomáticas en campos distintos.

Continua Miller diciendo:

Para Freud, la diferencia de los sexos, tal como se configura con posterioridad a la pubertad, está suprimida mientras perdura la infancia … pero que hay “predisposiciones reconocibles desde la infancia” a la posición femenina y a la posición masculina… -Freud- subraya y es más bien la vía que seguirá Lacan, la precocidad de la diferenciación sexual. La niña se hace mujer ya muy tempranamente y es sobre todo en ese sentido en el que nos dirige.

En la práctica clínica se encuentra a menudo que la apatía adolescente en el campo de lo femenino no recae en el cuerpo quieto, sino en el cuerpo marcado por el estrago materno2. Recibo a una mujer joven que desde hace un tiempo hace restricciones con la comida y se infringe cortes en la piel. Coincidiendo con el inicio de la menarquia se producen cambios importantes en su entorno familiar y el padre no está en la casa.

El paso siguiente que da es un intento fallido de separarse del otro materno, se enamora de un chico algo mayor que ella, pero ese amor no pone en marcha el deseo y cede a situarse como objeto de desecho del partenaire. Se produce una situación de maltrato que agrava los síntomas que sitúa en el cuerpo, y provoca la aparición de ideas de muerte. De momento ha hecho un vínculo transferencial que le ha permitido establecer un punto de basta a la irrupción del goce. Pero no cede el empuje a la repetición, no puede estar sin pareja, en esta ocasión parece que su elección está más orientada por el amor y por la posibilidad de escucharse decir de ello en la sesión.

En el campo de la posición masculina la respuesta a la irrupción de goce en la adolescencia puede estar mediada por el lado del tener, en no consentir a perder. El sufrimiento en el cuerpo puede quedar más velado por el falo imaginario.

Recibo a un hombre joven que refiere una situación de acoso escolar que no puede resolver. Se angustia cuando tiene que ir al instituto y queda enfrentado a una posición pasiva que resuelve del lado de no poder parar durante las clases y pone en marcha ataques de rabia frente a los iguales y a los profesores que le empujan a pelearse, tirar muebles o lo que encuentra a su paso.

Se rompe así la homeoestasis que hasta ese momento había funcionado en su vida cuando su lugar para el deseo del otro no había sido sacudido.

En las sesiones capta su buen manejo del sentido hablado, lee mucho y también escribe. Una idea se va abriendo paso, puede rapear y descubre que lo hace bastante bien. Una vez instalado el deseo en ese hacer, se ha ido pacificando, desparecen la hiperexcitación y la violencia, tiene algo valioso que ofrecer al otro.

En el texto que comentaba al inicio, J.-A. Miller enumera diferentes formas de nombrar la adolescencia, la cronológica, la biológica, la sociológica, etc., para decir que “si bien estas definiciones no se confunden lo que podemos afirmar de un modo general es que se trata de una construcción”3. Y el punto que toca lo real de esa construcción, es el goce propio de cada sexo4.

 

Notas:

  1. Miller, J.-A., ”En dirección a la adolescencia”, El Psicoanálisis, Revista de la ELP, nº 28, Madrid, 2016.
  2. Lacan, J., “El atolondradicho”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 498: “A ese paso, la elucubración freudiana del complejo de Edipo, en la que la mujer es el pez en el agua, por ser la castración en ella inicial constata dolorosamente con el estrago que en la mujer, en la mayoría, es la relación con la madre, de la cual parece esperar en tanto mujer más subsistencia que del padre, lo que no pega con su ser segundo en este estrago”.
  3. Miller, J.-A., “En dirección a la adolescencia”, op. cit.
  4. Miller, J.-A , El partenaire-síntoma, Buenos Aires, Paidós, 2008, pag. 314.

 

Mari Cruz Fernández, ELP, Barcelona.

 

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