Para pensar hoy la anorexia podemos señalar las dos grandes vías que plantea Lacan.

Hay una primera clínica del deseo que transcurre en un mundo donde el sujeto presenta un síntoma en el sentido edípico.

Lacan abre con el deseo la conexión con el sentido. Luego, al final de su recorrido, surgirá otra clínica que aborde la cuestión del goce que escapa del sentido.

En los Seminarios 4 y 5 aborda la relación primaria y simbólica del niño con la madre. Esa fue nuestra orientación durante mucho tiempo.

Cuarenta años atrás pensábamos el síntoma en el contexto edípico, dando un gran peso a lo simbólico y a la vía materna. Esa fue la época de la papilla asfixiante que planteaba un Otro simbólico confundido entre la necesidad y el amor.

Pero en algunos casos muy graves o en estructuras psicóticas, surgían problemas que eran difíciles de resolver porque no respondían a esta dialéctica.

Especialmente a partir del Seminario X, Lacan toma el goce como una orientación. La aparición del objeto a es fundamental en este contexto. Es importante poder pensar lo que hay del lado de la madre y del lado de la hija, ¿por qué la niña tiene tanta dificultad para separarse del lugar de objeto del Otro materno?

El recorrido que hace Lacan lo lleva de la interpretación del síntoma metafórico al encuentro con un más allá del sentido, donde el analista deberá cambiar su forma de intervenir y de interpretar. Primero será por la vía de la palabra, luego de la letra y finalmente por la construcción de un nuevo anudamiento, construir un significante nuevo, el sinthome.

En el Seminario XVII, se plantea la existencia de cuatro discursos que muestran las distintas formas en que el sujeto se sitúa en relación al Otro y al goce.

En 1972, Lacan plantea la existencia de otro discurso, el capitalista, que es un falso discurso porque no da lugar ni a la falta ni al deseo.

Entonces en estos “no-discursos” la niña ya no es invitada a ocupar el lugar de sujeto. El discurso social y los ideales de la época favorecen su posición objetual, por fuera de la posición deseante.

Actualmente, en relación a la anorexia, siempre está presente una interrogación sobre la férrea posición de goce del sujeto, que no quiere ceder.

¿La anorexia es un síntoma en el sentido metafórico? ¿Es una posición de goce que podría alcanzar el estatuto de un sinthome? En algunos casos la anorexia podrá comportarse como un síntoma metafórico pero en otros podemos pensar que se trata de un nuevo anudamiento borromeo que suple el error que tuvo lugar en el anudamiento previo. Por ejemplo, su cuerpo excesivamente delgado e intocable, ¿constituye para ella una solución? ¿Se trata de algo sobre lo que se pueda intervenir? ¿De qué manera?

En el estadio del espejo normalmente se dan las condiciones para una cierta coordinación imaginario-simbólica, cierto anudamiento que permite la constitución de la imagen del cuerpo. Pero frente a un error en el anudamiento borromeo, si la imagen del cuerpo articulada y dinámica entre S e I no pudo producirse, ¿el cuerpo hierático de la anoréxica constituye una salida, un sinthome, la solución que ella ha encontrado para tener un cuerpo?

Al comienzo decíamos que el síntoma pasa del sentido, propio de la clínica del deseo, al acontecimiento del cuerpo en la clínica del goce y en el último Lacan. No es lo mismo intervenir sobre la significación fálica que sobre el goce del cuerpo.

JAM dice en Leer un síntoma: “Al desplazar la interpretación del marco edípico al marco borromeo, el funcionamiento mismo de la interpretación cambia: pasa de la escucha del sentido a la lectura del fuera de sentido”.

En la nueva intervención del psicoanalista se pondrá en juego un modo de tratar el agujero con el que se confrontaría el sujeto. La escritura poética puede ser una ayuda porque produce un efecto de agujero, de vaciamiento del sentido. La interpretación debe llegar a rodear el real del agujero para hacer resonar algo que no sea el sentido.

Este recorrido nos muestra cómo con el último Lacan podemos responder mejor a algunas cuestiones abiertas, por ejemplo, a la hora de encarar la clínica de esos casos renuentes a la pregunta sobre la causa.

 

Graciela Sobral, ELP, Madrid.

 

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