Citas 3

Curso de la Orientación lacaniana de Jacques-Alain Miller

 

Del síntoma al fantasma y retorno (1981-1982), Buenos Aires, Paidós, 2018.

pág. 221

“… Elevación del deseo al rango de imperativo categórico. Esto da un valor moral al deseo, que Lacan no duda en despejar cuando escribe: ‘El deseo, lo que se dice el deseo basta para que la vida no tenga sentido si produce un cobarde’.* La cobardía moral no es un valor que anule el del deseo en el psicoanálisis. Hasta el punto que Lacan recurre a esta categoría moral de cobardía para situar la depresión psicológica, con el deseo como remedio para esa depresión”.

* Lacan, J. “Kant con Sade”, Escritos 2, Madrid, Biblioteca Nueva, 2013, pág. 743.

 

Extimidad (1985-1986), Buenos Aires, Paidós, 2010.

pág. 46

“Hablo de este humanismo contemporáneo que no encuentra más soporte que el discurso de la ciencia (…). Este humanismo se desorienta por completo cuando lo real en el otro se manifiesta como no semejante en absoluto”.

pág. 114

“Sabemos que lo que hace a la problemática del deseo, que hay que distinguir en su dialéctica, es lo que hace a su relación con el fantasma. Este deseo dialéctico, universalizante, que se desliza y no tiene más que objetos omnivalentes, extrae del fantasma lo que puede tener de estabilidad, y esto en la medida en que en él se aloja lo que lo causa”.

 

Los signos del goce (1986-1987), Buenos Aires, Paidós, 1998.

pág. 435

“… Cambio de axiomática de Lacan: la primera la de la palabra, nos conduce al deseo, y con mayor precisión, al deseo del Otro, mientras que la axiomática del goce solo nos ofrece el reino del Uno”.

 

De la naturaleza de los semblantes (1991-1992) Buenos Aires, Paidós, 2002.

pág. 176

“El padre es un significante en tanto exsistente. Y el falo es asimismo un semblante en tano que testifica del padre. De alguna manera, como es la prueba en apoyo del semblante del padre, ser el falo debe ponerse en el registro de la perversión [père-version]”.

pág. 220

“Cuando la verdad domina al goce, conduce lógicamente a que la subjetividad de la época se articule con la satisfacción, que es la de cada uno. El goce queda como pulverizado en esta universalización”.

 

Los divinos detalles (1989), Buenos Aires, Paidós, 2010.

pág. 149

“… El fantasma como pantomima.

Ahora bien, hay algo además que es diferente: el fantasma como guión, como argumento consciente, un sueño efectivamente sentido (…). Está el fantasma como tema de las ensoñaciones y en este nivel se puede decir que el sujeto juega con esto (…). En este nivel podemos decir que el sujeto hace uso del fantasma -por ejemplo en lugar de un Valium”.

pág. 161

“El deseo se anuda con la ausencia, pero cuando hablamos del amor y de la pulsión es la presencia la que se invoca y está en juego”.

 

El Banquete de los analistas (1989-1990), Buenos Aires, Paidós, 2000.

pág. 10

“El control no tiene ningún valor si se limita a pautar las relaciones del analista aprendiz -en posición de aprendiz- con sus pacientes. El control no vale nada si no apunta más allá, esto es, a sus relaciones con el psicoanálisis”.

pág. 11

“Elegir el psicoanálisis, a pesar de los analistas, contra los analistas, podría no ser más que el reverso de la siguiente fórmula: los psicoanalistas contra el psicoanálisis. Asimismo es posible afirmar sin provocación que la historia del psicoanálisis se inscribe bajo ese título”.

pág. 61

En 1964, “Lacan constató que Freud estaba muerto en el hecho de que suu creción, a saber, la Asociación Internacional de Psicoanálisis había degenerado. (…) Lacan ese año planteó la cuestión del deseo del analista”.

págs. 154-5

“Lacan afirmó que si su empresa parecía desesperada era porque es imposible que los analistas forman grupo. (…) Afirmar que es imposible significa sin duda que es real. (…) No se trata de la desesperación en ese sentido de llorar sino en el de la ausencia de esperanza”.

“Lacan habló de transferencia de trabajo en el momento de fundar su escuela”.

pág. 189

“El horror de saber no es más que una palabra muy patética para designar la represión que podría alcanzar para formular que no hay deseo de saber en el sujeto en análisis. (…) El deseo de saber viene al final y se supone que circunscribe la causa de la represión”.

pág. 263

El problema al que la escuela ofrece una respuesta consiste en definir un grupo como un grupo no-grupo, un lazo social no grupal, si es posible, sin obscenidad imaginaria, lo que asegura las condiciones de la transmisión del psicoanálisis -la perpetuación del lazo epistémico, como lo llamaba -y constituye ese lugar donde el exanalizante puede afirmar. ‘Soy analista’, y donde se trabajará sobre ese dicho”.

pág. 289

“El deseo del analista tal vez sea deseo de nada, que es quizás lo que se niega a menudo al hablar de ‘neutralidad analítica’, por lo que se prescribe al analista no desear nada salvo que el analizante hable. Esta es una primera respuesta a la pregunta sobre qué es un deseo puro, el deseo como tal”.

“En realidad todo deseo es un deseo puro esto es, deseo de nada”.

 

Donc. La lógica de la cura (1994-1995). Buenos Aires, Paidós, 2011.

pág. 84

“Mientras que el deseo en el psicoanálisis es esencialmente problemático, la pulsión es resolutoria. Por eso la resolución del deseo es de algún modo equivalente a la reconciliación con el goce pulsional (…). Esto es lo que Lacan resumió bajo el término ‘destitución del sujeto’. Podría hablarse de destitución pulsional del sujeto”.

 

El Otro que no existe y sus comités de ética (1996-1997), Buenos Aires, Paidós, 2005.

pág. 377

“La depresión es un significante magnífico, clínicamente ambiguo, sin duda, pero quizá tengamos algo mejor que hacer que jugar a los médicos de Molière y presentarnos con nuestra erudición, por justificada que sea, para criticar un significante que dice algo a todo el mundo actual”.

“La depresión está claramente en la vertiente de la separación, es , en nuestros términos algo pesados, una identificación con a como desecho, como resto”.

 

Los usos del lapso (1999-2000), Buenos Aires, Paidós, 2004.

pág. 106

“Es necesario que el analista sostenga el inconsciente a partir de su deseo” (…) Y la cuestión clínica es si hay o no nacimiento del deseo del analista, es decir, deseo de sostener esa ficción necesaria para que el inconsciente se manifieste de la buena manera”.

“La ética más importante es la del inconsciente, es el deseo del inconciente, distinto del deseo inconsciente”.

 

El lugar y el lazo (2000-2001), Buenos Aires, Paidós, 2013.

pág. 15-16

“El analista es un lugar (…) y en ese lugar se establece un lazo”.

“El control, ¿qué controla? Controla especialmente la relación entre el lazo y el lugar”.

“El control es también el control del lazo que el sujeto que analiza mantiene con el psicoanálisis”.

pág. 269

“En la última enseñanza de Lacan se despejan numerosas piezas diferentes en relación a la angustia (…). Uno de los últimos es aquel que sitúa la angustia en lo simbólico, como algo que dentro de lo simbólico se produce en calidad de real”.

pág. 319

“Lo que despierta es el Trieb, la pulsión. Lo real verdadero capaz de despertares la pulsión, mientras que el inconsciente nos duerme, es una potencia de adormecimiento. El Seminario 11 está hecho para restablecer el enlace entre el inconsciente y la pulsión y eso desemboca en la lógica del fantasma”.

pág. 355

“El acto es el vector de ese deseo inédito que Lacan llama deseo del analista”.

 

Un esfuerzo de poesía (2002-2003), Buenos Aires, Paidós, 2016.

pág. 120

“En el discurso del capitalista, quien habla es el capitalista, el empresario del deseo insatisfecho. Habla, pero el síntoma insiste en el sujeto dividido del discurso que no recupera su satisfacción. Lo que sigue no es que el sujeto tome la palabra, sino que ésta quede tomada en términos de pasaje al acto”.

Todo el mundo es loco (2007-2008), Buenos Aires, Paidos, 2015.

pág. 318

“La frase ‘Todo el mundo es loco es decir delirante’ es inorientable (…), no está ordenada al Nombre-del-padre”.

pág. 333-4

“La frase ‘Todo el mundo es loco’ apunta a eso que, como analista, se trata de escuchar en lo que se enuncia en la boca de los pacientes, lo que se vocifera del lugar del Ya-Nadie. Y la vociferación no es un enunciado”.

“Esta vociferación es la siguiente: “El sujeto es feliz (,…). Esa es incluso su definición”.

 

Sutilezas analíticas (2008-2009), Buenos Aires, Paidós, 2011.

págs. 35-36

“La ausencia de relación sexual invalidad toda noción de salud mental y de terapéutica como retorno a la salud mental”.

“El aparato del deseo que es singular para cada uno, objeta a la salud mental.

El deseo está en el polo opuesto de cualquier norma, es como tal extranormativo. Y si el psicoanálisis es la experiencia que permitiría al sujeto explicitar su deseo en su singularidad, éste no puede desarrollarse más que rechazando toda intención terapéutica. Así la terapia de lo psíquico es la tentativa profundamente vana de estandarizar el deseo, para encarrilar al sujeto en el sendero de los ideales comunes, de un como todo el mundo. Sin embargo, el deseo implica esencialmente en el ser que habla y que es hablado, en el parlêtre, un no como todo el mundo, el derecho a una desviación experimentada como tal, que no se mide con ninguna norma. Esta desviación afirma su singularidad y es incompatible con un totalitarismo, con un para todo x. El psicoanálisis promueve el derecho de uno solo, a diferencia del discurso del amo, que hace valer el derecho de todos. (…) Solos e sostiene por el deseo del analista de dar lugar a lo singular de Uno. Respecto al todos, que sin duda tiene sus derechos (e…) el deseo del analista se pone del lado del Uno”.

pág. 37

“El verdadero psicoanálisis en el sentido de Lacan, es el que se pone en la senda del deseo y apunta a aislar para cada uno su diferencia absoluta”.

“El análisis pide al sujeto nombrar su deseo, pero lo que se descubre es que no alcanza a nombrarlo, que ese deseo es reacio a la nominación, que no se transforma en voluntad. Todo lo que llegamos a circunscribir y nombrar del deseo es un goce. En el lugar del ¿qué quieres? obtenemos como respuesta Aquí hay goce, es decir, obtenemos una localización del goce, articulado en un dispositivo significante”.

págs. 41-2

“El deseo del analista no tiene nada que ver con el deseo de ser psicoanalista”.

“Una vez establecidos en la profesión, los analistas ya no piensan en lo que los convirtió en analistas. Hay como regla un olvido del acto del que han surgido (…) y por eso se prestan a veces a reclutar a los analistas nuevos con criterios que no se refieren al acto analítico.(…) No consideran un criterio suficiente para ser analistas la elaboración del inconsciente”.

“Se verificaría que el deseo del analista no es una voluntad de semblante sino que está, para quien puede valerse de él, fundado en su ser, que no es, según la expresión de Lacan, un querer a falta de.

 

El Uno solo (2011), inédito.

Ver en Documentación: Citas 2

 

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