Tanto el cartel de las Jornadas como el video que las anuncia resultan sin duda muy elocuentes para invitar a hablar del deseo. En ellos se nos presentan muy justamente imágenes, que no apuntan tanto a lo agalmático del deseo sino que resultan ser un tanto distópicas, como se dice ahora. Imágenes que tienen como función, quizás, no olvidar que detrás del deseo está el horror al goce o el horror al saber sobre el goce que le concierne a cada uno, que si no es en principio a lo que apunta el deseo, sí es lo que lo causa.

En efecto, a partir de los años 60, Lacan nos presenta el deseo como una defensa frente al goce, refiriéndose concretamente el deseo del neurótico, donde el deseo se sostiene en el no querer saber nada sobre lo que lo causa. Pero afortunadamente no nos deja ahí, pues inmediatamente planteará que la experiencia analítica ofrece una nueva chance, un nuevo renacer incluso, para aquel que quiere rescatar su deseo de esa defensa. Presenta entonces esa experiencia como la que le permitiría a un sujeto saber si quiere lo que desea, deseo que esta vez se articularía irremediablemente con el goce. Y esto a condición de que pague con su persona, es decir, a condición de que ponga de su parte yendo “más allá de los ideales de su persona”, hasta reconocerse en el objeto a, que ha sido en el deseo de sus padres, en su venida al mundo, tanto si ha sido deseado como si no. Anuncia así lo que será de aquí en adelante la ética del psicoanálisis.

A la hora de hablar del deseo de Escuela conviene también intentar detectar si ese deseo no es también una defensa. Para hablar de ello, conviene quizás desempolvar algunos textos que resultan sin duda vigentes hoy en día, como aquel que Lacan expone en el momento de la disolución de la Escuela Freudiana de Psicoanálisis (1980) y de la fundación del Campo freudiano, nuevo movimiento hacia la Escuela que desembocará en la fundación de la Escuela de la Causa Freudiana. Lacan dice: “Que se me crea, no admitiré a nadie para retozar en la Causa freudiana, más que seriamente descolado.”

A lo largo de este breve texto Lacan juega con el equívoco escuela (école), despegue (decollage), cola de pegar (colle), y también s’engluer (quedarse pegado), para terminar en lo que será el título de este escrito: D’écolage que equivoca entre “desescolar” y despegar.

Una Escuela desencolada o una escuela de desencolados o, incluso, una Escuela de “desescolados”, ese era al menos el deseo de Lacan. En el mismo texto Lacan retoma el Cartel como un órgano de base propicio para esa Escuela, grupo de trabajo que exige una serie de condiciones entre las cuales está “la permutación de sus miembros al cabo de un año, máximo dos, para prevenir el efecto de pegoteo”.

Pero el Cártel ya había sido propuesto por Lacan en el Acta de fundación de la Escuela en 1964. Acta o acto que se inicia con la frase: “Fundo, tan solo como siempre estuve en mi relación con la causa analítica”. Vemos que el desencolaje de la Escuela de Lacan ya está presente en su fundación, pues exige reconocer la soledad con la cual uno se enfrenta a la causa analítica.

En la Teoría de Torino, Miller nos recuerda que esa fundación se sostiene en una paradoja: La Escuela sería el resultado de la relación que cada uno tiene con la causa analítica pero, por otro lado, Lacan llama a todos aquellos que tienen esa relación de soledad con la causa para reunirse en torno a la Escuela. La paradoja está en cómo fundar algo colectivo teniendo en consideración la relación con la causa de cada uno. Otra manera de decirlo es cómo cada cual aloja su causa en relación a una causa común que es la Causa freudiana.

Lo que señala bien Miller es que Lacan, en su acto de fundación de la Escuela, no sólo invitaba a acogerse a la Causa freudiana como lo hizo Freud con sus discípulos, causa que era la de Freud y que dio lugar a la creación de la IPA, sino que planteaba, en el mismo movimiento, la necesidad de diferenciar la causa de cada uno con la Causa freudiana. Es decir, que en el mismo acto de fundación de la Escuela hay una interpretación que llama a la disgregación, al no pegoteo.

Por otra lado, de esa relación con la causa es de lo que se da testimonio en el Pase, dispositivo inventado por Lacan para dar cuenta, el que así lo desee, de su final de análisis, de cómo ha conseguido rescatar su deseo acordando con el goce que lo causa y que le concierne a él y sólo a él, el más singular. Anotemos que aquí se trata de “de-ser” más que de deseo. Pues el deseo al final de la experiencia, como lo muestran los testimonios de Pase, pierde su valor agalmático, su función de defensa, su valor de envoltorio del objeto de deseo que no es otra cosa que un objeto de goce.

“El deseo de Escuela” entonces comporta un saber que no es sin consecuencias. Se puede enunciar como un ideal pero hay que saber que eso trae cola.

 

Bibliografía:

  • Lacan, J., “Observación sobre el informe de Daniel Lagache: Psicoanálisis y estructura de la personalidad”, Obras escogidas, Tomo I, RBA, Barcelona, 2006, pág. 662.
  • Lacan, J., Decolage o despegue de la Escuela, Textos de referencia, wapol.org
  • Lacan, J., “Acta de fundación de la Escuela”, Anuario y Textos estatutarios de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis. Edita ELP, Barcelona 2015.
  • Miller, J.-A., “Teoría de Torino acerca del sujeto de la Escuela”, El Psicoanálisis, nº1, Madrid, 2001, págs. 68-69.

 

Carmen Cuñat, ELP, Madrid.

 

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