En el seminario El reverso del Psicoanálisis, Lacan analiza algunos mitos de los que Freud se había servido para elaborar su teoría sobre el Padre. Tanto el del complejo de Edipo como el de Tótem y Tabú remiten los dos al padre: el primero tiene que ver con el acceso al goce de la madre y, el segundo, con la prohibición de ese mismo goce. Los dos nos muestran un goce que está en exceso y por tanto debe ser sacrificado, prohibido. La figura del asesinato del padre en la que Freud insiste significa que “el goce entraña algo que debe ser mortificado, excluido, castrado”1.

Freud puso al psicoanálisis al servicio de salvar al padre, un padre que constituía una cierta garantía para el sujeto, siendo la histérica quien mayores esfuerzos ponía en esta empresa. Para ello forja un Padre originario, universal, necesario para su construcción teórica, es la idealización del padre “que dice No al goce del hijo y que es el fundamento inolvidable de la renuncia a las pulsiones como precio a pagar para conquistar el amor”2.

Lacan nos abre otra construcción: si de lo que se trata es del goce, del goce traumático que para cada sujeto está desde el inicio, de alguna forma este goce siempre está en exceso y por ello mismo requiere de una perdida o una sustracción: “El goce encuentra sus límites de manera natural”3, es el goce que se resta por el simple hecho de que se habla. Con este planteamiento Lacan no necesita un padre que prohíba o censure, no estamos en la época de la prohibición, sino más bien en la época del permiso para gozar.

En su última enseñanza, Lacan sitúa al padre del lado de la singularidad: “Lo que constituye a un padre, el vuestro, es lo que singulariza su deseo en una mujer entre todas las demás”4.

Esta versión de un padre en singular, tiene una función que es la de anudar los tres registros Real, Simbólico e Imaginario, haciendo función de sinthome en tanto localiza y abrocha un goce.

El concepto de père-version o versión del padre nos guía por nuevas perspectivas en la clínica, una traza que es una pragmática, una clínica del funcionamiento. Decir que el padre es un síntoma, es señalar que alguna versión del padre puede hacer de cuarto anillo de lazo borromeo, tal como indica en el Seminario 23.

La vía del sinthome, es la de los Unos separados: el sujeto ya no puede ser abordado solamente a partir de la inscripción en el Otro, es por esto que será necesario ver en cada caso de qué suplencia o invención se sirve el sujeto para mantener anudados los tres registros, es decir, ver qué elemento funciona como localizador de un goce que se repite y hace síntoma.

En algunos casos de autismo o psicosis vemos cómo el sujeto hace verdaderos esfuerzos para abordar el nudo constituyente del sujeto, es decir, el anudamiento del cuerpo y la palabra.

Por ejemplo, A. lo logra a partir de la argumentación “si hablo, entonces soy una niña de verdad”. Este relato es todo un programa que le permite a la sujeto salir del lugar de ser una marioneta para el Otro.

En otro caso, M. tiene un demasiado, una multiplicidad de padres entre los cuales busca con cual identificarse. M. los nombra “papá Homer”, “el papá que es el abuelo”, “papá Javier”, pero ninguna de estas versiones hacen una función de limite para él.

Para finalizar podemos decir que el nombre del padre queda reducido por Lacan a una función de uso. Esto abre el camino a una multiplicidad de significantes que pueden operar como sustitutos, es decir, como sinthome que hace de suplencia de un agujero.

 

Notas:

  1. Miller, J.-A., Un esfuerzo de poesía, Buenos Aires, Paidós, 2016, pág. 258.
  2. Ibid., pág. 289.
  3. Ibid., pág. 290.
  4. Miller, J.-A., “Más allá del pase”, Freudiana, Revista de la CdC-ELP, nº 69, Barcelona, 2014, pág. 9.

 

Pilar Foz Rocafull, ELP, Barcelona.

 

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